Otra vuelta de tuerca... y van... En estos días asistimos a un espectáculo deportivo-laboral: una carrera por ver que oficina entrega más tarjetas de crédito Barclaycard. Los esforzados de la ruta, nosotros mismo, luchamos por ver cuántas podemos “colocar” y así ascender a posiciones dentro de un “pelotón” en el que incluso se incluye casi en las mismas condiciones a los compañeros de Caja: simplemente lamentable. Nos han inculcado afinar nuestra destreza comercial y vendérselas a quien nunca nos atreveríamos a darles nuestras propias tarjetas. A la vista de la presión a la que somos sometidos con este producto habrá que deducir que es una clientela-objetivo que parece interesar mucho a la entidad. Pero, ¿De verdad que es esto lo que la caja necesita? ¿Es positiva la agresividad de esta campaña?. Lo que sí consigue la actual estrategia de la Caja es ahondar en la competencia interna y en la división entre los compañeros. A la precariedad de medios se suma que cada uno tiene que luchar día a día sacando adelante sus compromisos, instalándose así un sentimiento de insolidaridad entre esos compañeros y llegando a reuniones que recuerdan a las regañinas escolares: “a ver fulanito ¿cómo es posible que sólo hayas hecho un producto si menganito ha hecho tres?; o bien a regularizaciones de oficinas más pendientes de robar clientes que de abrir su mercado, llamadas a oficinas o a S.C. en las que a menudo falla la educación, porque eso de pedir/prestar ayuda parece que ya no está bien visto, sintiendo impotencia y rabia porque no puedes transmitir el airado exabrupto del nervioso compañero, que a veces también se halla colapsado. La Caja se ha convertido en una entidad financieramente eficiente no tanto por un crecimiento adecuado y equilibrado de sus recursos, sino por la aplicación durante tantos años de una política de drástica reducción de gastos en lo humano y en lo material. Enmarcada en una filosofía interna corta de miras en la que prima la división entre empleados (sálvese quien pueda), la imposición de objetivos arbitrarios, pago de retribuciones cada vez más variables (véase circular al respecto a escaso mes y medio del cierre del cuatrimestre), y todo ello aderezado con un estilo marcial, cuando no intimidatorio. O sea, igual que otras entidades con políticas de recursos humanos generosas que priman el buen ambiente laboral y ayudan a conciliarlo con la vida familiar. Las actuales líneas de la entidad nos lleva inexorablemente a un escenario insolidario y egoísta, donde el modus operandi es que aquí no se discute, aquí se acatan las instrucciones de arriba y punto. Esperamos y deseamos que se cambien esos métodos tan erróneos, que menosprecian nuestra capacidad intelectual y profesional, y que se revise la actual “pirámide de poder” de la Caja abriendo el abanico a otras aportaciones para que las que trabajar en la Caja vuelva a ser una actividad en la que todos contemos y podamos estar orgullosos. Y ahora tenemos que volver a la carrera, nuestros directores de equipo ven una oportunidad de adelantarnos: tenemos que activar tarjetas por si vinieran a por ellas... aunque... ¿esto no es dopaje? |