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Juan Estresado y su estado de “ánimo”
Juan Estresado está faltando últimamente al trabajo, y tanto su jefe como los compañeros están preocupados. Él siempre ha sido un “todoterreno” y no comprenden que ahora, cada dos por tres, no acuda al trabajo alegando problemas de salud y de estado de ánimo. En realidad, todo arranca cuando Juan pasa reconocimiento médico en Ibermutuamur, y le dicen que tiene la tensión alta y que antes de ponerle tratamiento debería suprimir la sal, el alcohol, el café..., para ver si se corrige. Para nuestro compañero esto fue un mazazo, que se vería agravado posteriormente cuando recibió el resultado del análisis, en el que tanto el colesterol como los triglicéridos y algunos índices más se habían disparado. Su médico, a la vista de los análisis, le impone un régimen severo y caminar una hora diaria, aparte de las pastillas correspondientes.
¡¡Toma ya!! Él que se reía del mundo y exclamaba que correr era cosa de cobardes, se veía ahora con un chándal impecable, todo sudoroso y colorado como un tomate por las calles de su barrio. Juan sigue al pie de la letra las recomendaciones médicas, pero desde hace unas semanas está notando algunas disfunciones sexuales y falta de vigor, bueno en realidad quien más lo nota es su mujer, que ha sido quien le ha animado a que lo consulte con el médico. En principio se negó en rotundo, pero a la vista de que el “ánimo” no se levantaba, una mañana decide visitar al doctor, quien le informa que debido a las pastillas de la tensión es posible que la “cosa” esté un poco decaída, pero que no debe preocuparse porque eso es algo pasajero. Viendo que ni Juan ni su mujer quedan del todo satisfechos con la explicación, el médico les receta unas pastillas maravillosas mientras ese “ánimo” esté bajo. Por si faltaba algo, en la reunión de la Zona, los datos de su oficina son desalentadores, no cumple los objetivos de fondos de inversión, ni de pasivo y la mora está repuntando. Todo esto aderezado con unas miradas y frases animosas del Jefe de Zona, muy propias de la arrolladora personalidad que se ha ido forjando desde su atalaya de poder.
Pasan los días y Juan tiene mala cara. Está griposo, tiene fiebre y no para de moquear. Está convencido de que es el primer caso de gripe aviar en humanos que hay en España, y por mucho que don Carlos Torres le dice que no se preocupe, él está convencido de que tiene la “gripe de los pollos”, y es que realmente al pobre Juan Estresado sólo le hace falta que lo preñen.
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