Otra tediosa puesta en escena

Una vez más y como cada año, se ha celebrado otra Convención de directivos de CajaMurcia reunidos en torno al “líder”. La puesta en escena, la habitual, con un “telonero” de lujo como el Sr. Ontiveros, que nos dio una clase magistral de economía mundial, asegurándonos que vivimos una época idílica en cuanto al crecimiento económico, mostrándonos gráficos y más gráficos para dar fe del mundo tan maravilloso que nos ha tocado vivir, principalmente a los de siempre, claro está.

Mientras tanto, en el tendido del sol principalmente, los bostezos eran la nota predominante, algo normal a esas horas de la tarde, después de una intensa jornada de trabajo y en la mayoría de los casos con muchos kilómetros de carretera. En fin, como decía un vecino de esta localidad, esto va en el cargo.

Después de dejarle el “toro en suerte”, salió al ruedo el “primer espada” y tras unas emotivas palabras para el desaparecido José Ramón Díez de Revenga (éste si que era torero), entró de lleno en materia. La intervención no dio mucho más de sí, más de lo mismo, bueno, esta vez un poco más, ya que en un derroche de generosidad y para aumentar nuestro currículo profesional, nombró a todos y de forma masiva “gestores de medio de pago”, un cargo que fue recibido en la grada con un run-run sospechoso que no llegó a pitada ni a lanzamiento de almohadillas. Ahí quedó la cosa.

Un crecimiento sostenible era el tema de la Convención, un crecimiento eficiente hubiera sido el idóneo por aquello de la eficiencia de la que somos campeones. Lo que desconocemos es si podremos sostener durante muchos años el crecimiento sostenible con las armas de las que disponemos: MUCHA PRESIÓN Y POCA RETRIBUCIÓN, ni tampoco sabemos si la clientela se cansará de tantas comisiones y malos precios y con un servicio que todavía en muchas oficinas deja mucho que desear.

Destacar, por último, que este año no hubo brindis para “el mejor activo de la Caja” y se pasó de puntillas sin unas palabras de aliento como en años anteriores. Vamos mejorando. Por fin el Presidente clausuró la Convención sin pena ni gloria. Lo mejor sin duda, fue su brevedad. Y nada más, hasta el año que viene, que aún puede ser peor, si encima nos citan en un viernes.

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