El cuento del becario en CajaMurcia Érase una vez hace mucho tiempo en los países pobres de África y Asia, era práctica habitual el empleo de “mano de obra barata”, a la que se hacía trabajar de sol a sol por la comida, que amén de mala era sólo una al día. La contrapartida era el enriquecimiento de señores capataces que recibían y aplicaban todo tipo de órdenes sin el menor escrúpulo, pues en esto, al igual que sucede con la contabilidad, el “debe” de los latigazos y miserias de unos se compensaba con el “haber” de los bolsillos y falta de moral de otros. Ante la pingüe realidad, este “negociete” se extendió a América, los esclavos se importaban y se les ponía a trabajar como negros, nunca mejor dicho. Más tarde, los europeos se han incorporado a esta práctica, que con el paso del tiempo se ha ido perfeccionando (pervirtiendo) llegando incluso a ser más rentable. Obviamente me refiero a la figura del “becario”, cuya situación es la que sigue en entidades bancarias como CajaMurcia:
En fin, que esta nueva modalidad de mano de obra produce un margen de beneficios extraordinario, claro, luego no me extraña que se jacten en la prensa de que si su Caja es la “number one” en los rankings y bla bla bla... Pues bien, para información de esas mentes que dieron con la fórmula mágica, quisiera ponerles en conocimiento de una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, en la que se sientan las bases para acabar con este tipo de explotación encubierta a la que estamos sometidos mis compañeros y yo: ...“la beca se configura como una donación modal en virtud de la cual el becado recibe un estipendio comprometiéndose a la realización de algún tipo de trabajo o estudio que redundan en su formación y en su propio beneficio, siendo fundamental la finalidad formativa de la beca, mientras que si prevalece el interés de la entidad en la obtención y prestación del servicio, y si la entidad hace suyos los frutos del trabajo del becado, se tratará de un contrato de trabajo y no de una beca”. En resumen, que los becarios o estamos haciendo un trabajo formativo o deberíamos cobrar como cualquier otro empleado, pues no es de recibo que bancos y cajas que ganan miles de millones de euros se aprovechen de las necesidades laborales de indefensos estudiantes, e incluso graduados, que no tenemos donde caernos muertos. Y todos trabajaron infelices y comieron de su bolsillo. Colorín colorado, este cuento no se ha acabado. Un becario cualquiera |