Pepe, el sufrido director

Desde su flamante despacho de una oficina cualquiera de Caja- Murcia, Pepe, el sufrido director, vive con preocupación el devenir diario de su trabajo. Resulta que este año tiene más tareas que realizar, asistir a más reuniones, visitar a más clientes, olvidar a la familia, y todo para lograr más objetivos. Pepe se consuela pensando que otros están peor, como aquel director que le han impuesto que consiga 250 planes de pensiones en un pueblo de 1.000 habitantes donde la media de edad es de 55 años. O aquel otro que tiene que colocar 300 seguros de hogar en una oficina rodeada de compañías aseguradoras.

Pasan los meses y Pepe, apesadumbrado, se agota a menudo ante la avalancha de sus labores cotidianas. Abrumado por su situación, se confiesa con su jefe de zona, el cual le recomienda hacer deporte, mucho deporte, para cuidarse y para afrontar las dificultades del trabajo. Le aconseja que juegue al padel, ya que se trata de un deporte especial para ejecutivos (antes agresivos), del que sales totalmente nuevo y rehabilitado, como para “comerte el trabajo”. “¿Todavía más?” –piensa el sufrido director–. Su jefe también le recomienda que practique el golf, pues se trata de una buena terapia antiestrés, y ahora está al alcance del populacho. Además, “se pueden captar buenos clientes en el golf” le comenta su jefe, y el director piensa: “Lo que me faltaba para desconectar”.

Pepe, el sufrido director, practica deporte e intenta cuidarse, no fuma ni bebe, pero desde hace meses se siente muy colapsado en su oficina para desgracia de su salud física y psíquica. Y a pesar de ganar más dinero está reflexionando muy seriamente sobre si merece la pena. Por fin ha decidido ir al médico dada su frecuente ansiedad, sus altibajos anímicos y otras dolencias. El doctor le ha recetado algunas medicinas a las que él ha añadido otras de su propia cosecha. Al cabo de unas semanas su jefe de zona le pregunta por su salud, a lo que Pepe le contesta:
– Pues mira, me estoy cuidando mucho. Entonces, le enseña a su jefe una pequeña caja negra que siempre lleva en su bolsillo, y abriéndola, le enseña varias pastillas de diferentes colores y composiciones y le explica:
– Mira, todos los días me tengo que tomar estas pastillas, una se llama Omeprazol y la tomo para el estómago, esta otra es una Trankimazin y me ayuda a dormir, esta es un Prozac y me levanta un poco el ánimo, esta es un Gelocatil y es para el dolor de cabeza, esta otra es una Cafinitrina y es por lo del amago de infarto que te comenté, y esta última, no sé para lo que es, pero me da mucha seguridad….

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