Pepe, el sufrido director
Pasan los meses y Pepe, apesadumbrado, se agota a menudo ante la avalancha de sus labores cotidianas. Abrumado por su situación, se confiesa con su jefe de zona, el cual le recomienda hacer deporte, mucho deporte, para cuidarse y para afrontar las dificultades del trabajo. Le aconseja que juegue al padel, ya que se trata de un deporte especial para ejecutivos (antes agresivos), del que sales totalmente nuevo y rehabilitado, como para “comerte el trabajo”. “¿Todavía más?” –piensa el sufrido director–. Su jefe también le recomienda que practique el golf, pues se trata de una buena terapia antiestrés, y ahora está al alcance del populacho. Además, “se pueden captar buenos clientes en el golf” le comenta su jefe, y el director piensa: “Lo que me faltaba para desconectar”. Pepe, el sufrido director, practica deporte e intenta cuidarse, no fuma ni bebe, pero desde hace meses se siente muy colapsado en su oficina para desgracia de su salud física y psíquica. Y a pesar de ganar más dinero está reflexionando muy seriamente sobre si merece la pena. Por fin ha decidido ir al médico dada su frecuente ansiedad, sus altibajos anímicos y otras dolencias. El doctor le ha recetado algunas medicinas a las que él ha añadido otras de su propia cosecha. Al cabo de unas semanas su jefe de zona le pregunta por su salud, a lo que Pepe le contesta: |