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Así es imposible
En estos términos se viene expresando gran parte de nuestra clientela año tras año. Creemos que con toda la razón, pues no hay más que observar la realidad desnuda de lo que se “cuece” a diario en nuestras oficinas. Y es que cocidos, quemados, fritos o tostados, no nos cansaremos de criticar abiertamente la nefasta política de personal que sufrimos muchos empleados y directivos a diario. Ya no sólo por la abrumadora carga de trabajo que soportamos (que influye en nuestra propia salud mental y física) sino también por la ceguera y la sordera de quienes predican desde sus tranquilos despachos de S.C., direcciones territoriales y jefaturas de zona, alejados del mundanal ruido.
Qué bonito resulta planificar desde fuera la evolución de una oficina y sus objetivos. Pero no es tan agradable saber que esas metas impuestas desde aquellos “laboratorios intelectuales” se diseñan sin reconocer la carencia de personal que la mayoría de nuestra red tiene, olvidando la pura realidad de nuestras tareas diarias, muchas veces farragosas y lentas.
Se da la paradoja de que nuestra entidad, ejemplar y puntera en el Sector de Cajas, no resulta tan boyante a la hora de contratar más y de distribuir mejor sus beneficios a sus empleados, con lo cual seguimos inmersos en una gestión de personal mezquina y mediocre, respecto a otras entidades del sector.
No se tiene en cuenta que la mayor parte de los empleados, andamos “algo” desbordadillos de trabajo, no sólo por la gran cantidad de personas que hemos de atender, sino también por la gran cantidad de tareas administrativas aparentemente insignificantes: desde responder a una consulta por teléfono, hasta archivar documentos o buscar un regalo, por poner algunos ejemplos, tareas que sumadas, abarcan un tiempo considerable. Y no hablemos de las horas que trabajamos a veces demás, o del rato del desayuno, que para muchos resulta una utopía. Además, desde el propio director hasta el último cajero tenemos enfrente a una clientela cada vez más informada, a la cual hay que mimar, ofrecerle calidad y seguridad, tener mucha mano izquierda, atender a sus reclamaciones por comisiones u otros servicios, etc.etc., algo que parece no tener importancia para nuestros ilustres “líderes”.
Señalar, que muchas tertulias que se forman en las colas no son precisamente para comentar el tiempo, sino para quejarse ante una falta latente de personal y para calificar de todo menos de guapos a los empleados de las oficinas. Se crea así una pésima imagen que hace recaer la responsabilidad en el empleado, impotente y colapsado. Está muy bien eso de aplicar técnicas marketinianas americanas para captar clientes y planificar nuestro tiempo, pero no debe olvidarse que también hay economistas que defienden mantener contenta a la plantilla para lograr objetivos.
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