El mundo desde una ETT

Para los empleados con contrato fijo, aquellos que llevamos años de antigüedad en una empresa, el mundo de las ETT (Empresas de Trabajo Temporal) tiene características ambiguas, oscuras y, sobre todo, desconocidas por la despreocupación y lejanía que suele generarnos su entorno. Los empleados de ETT son los otros compañeros, personas a las que una ley o el actual sistema económico ha condenado a ser ciudadanos de segunda categoría. Hasta la entrada en vigor de la nueva ley que aportó una reforma sobre la antigua ley del año 1994, los trabajadores de estas empresas ni siquiera tenían equiparación salarial. En la actualidad, esa equiparación salarial aún se salta un buen número de complementos salariales que no dependen del puesto de trabajo, sino del empleado que es sustituido y de la situación y resultados de la empresa usuaria de la ETT.
Por tanto, los empleados de ETT quedan al margen de pagas de beneficios, remuneraciones variables y antigüedad. La equiparación se ceñiría al salario base y los complementos salariales fijados en función del trabajo realizado. Este último concepto incluye los habituales complementos de puesto de trabajo y los de cantidad y calidad de trabajo. La equiparación con los empleos fijos se trata más de una igualdad de regímenes jurídicos salariales que una plena equivalencia de emolumentos.

Un pequeño ejemplo práctico sería que un empleado de ETT en una Caja de Ahorros cobraría 1.350 ptas. por hora que determina el convenio, en lugar de las 1.724 ptas. de sueldo real. En la actualidad, a nivel global dentro de nuestro mercado laboral, y sin particularizar en el sector de bancos y cajas que obviamente también utiliza este tipo de contratación, una quinta parte de los contratos de trabajo firmados durante el pasado año pertenecían a esta modalidad. Eso nos dará una ligera idea de los intereses que existen detrás de estas empresas y el volumen de negocio que mueven.

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