¡¡ Socorro !! LA expresión los árboles no dejan ver el bosque es en bastantes ocasiones cierta, pero no es menos que en ocasiones es el bosque el que no deja ver los árboles. Hay grandes temas por resolver que afectan a los empleados de la entidad: Fondos de Pensiones, horas trabajadas no retribuidas ni cotizadas, utilización excesiva de fórmulas de contratación en precario, etc., pero también existen otros, más del día a día, a los que hemos de ir dándoles respuesta, y son éstos los que se nos plantean en las visitas a oficinas, tanto por los empleados como por los directivos. Una organización que quiera ser competitiva en el mercado actual es evidente que debe ser dinámica, flexible y suficientemente tensionada, pero ese grado de tensión no debe ser tal que provoque efectos indeseables, no sólo para la organización sino también para los individuos que la componen. La presión sobre los directivos y empleados en oficinas llega a ser tan estresante y permanente, que hace ya bastante tiempo es palmario un grado importante de malestar en la plantilla que se evidencia de formas muy diversas. Para todo hay objetivos, y eso no es malo ni bueno en sí mismo el problema deviene de la racionalidad de esos objetivos. No es de recibo que todas las oficinas se midan con idéntico rasero, sin tener presente las características diferentes entre unas y otras. Una entidad como la nuestra debiera fomentar la cultura del pacto, del compromiso y del acuerdo, nunca la imposición sin explicaciones. Si a la tensión que generan los objetivos unimos otros hechos que concurren en el funcionamiento normal de una oficina, observamos cómo la sensación de malestar y cabreo va creciendo cada día que pasa en proporción inversa al número de componentes de las plantillas. Alguien, sentado cómodamente en su acogedor despacho, llegó a la feliz conclusión que las oficinas iban muy bien servidas con un empleado por cada mil millones de pasivo, que las tardes son para reuniones de zona, oficina, cursos de formación gestión comercial, visitas a clientes, trabajo atrasado, etc. Hemos vuelto al siglo XIX, cuando la jornada era de sol a sol. Eso sí, a los directivos y apoderados de las oficinas, que suelen ser los principales afectados, se les intenta reconfortar con expresiones del tipo de vosotros sois empresa, y, por otro lado a los empleados con contrato temporal se les anima a perseverar diciéndoles que si son buenos siempre tendrán un lugar bajo el sol. Por otro lado, sobreviven en las oficinas dos colectivos, uno emergente y otro en vías de extinción, por lo que, parece. El primero es el de los gestores comerciales, que se encuentran en una situación bastante precaria, sin una clara definición dentro del organigrama, sin categoría definida y con una retribución tan escasa como inalcanzables son los objetivos que les marcan. El segundo es el de los interventores, que según nos dicen es un colectivo en fase terminal, pero que hasta la fecha nadie sabe muy bien cómo reubicarlos en la nueva organización. Si esto no fuese suficiente, ya se anuncia que vamos a tener un verano muy caliente, y no por las temperaturas, sino por las sustituciones de vacaciones. Si desde las zonas no se habilitan los medios necesarios para cubrir las vacantes que forzosamente se han de producir, será inevitable un colapso que va a repercutir directamente en la calidad de servicio a la clientela. Por lo que se ve, parece como si algunos se hubiesen puesto como objetivo cabrear si cabe aún más al personal, y lo peor es que lo están consiguiendo. |