Editorial

¿A dónde vamos?

Estamos recibiendo impávidos a través de distintos medios de comunicación, información sobre cual debe ser el futuro más o menos inmediato del sector de cajas de ahorros, unos como el Fondo Monetario Internacional y el Presidente de la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados aconsejan privatizar las cajas para potenciar la bolsa, otros propician fusiones entre cajas de la misma autonomía (Galicia, Navarra, Extremadura, Andalucía), otros piden las reformas necesarias para realizar fusiones entre cajas de distinta comunidad (Cajamadrid) y por último los hay como en el caso de CajaMurcia que auspician fusiones "virtuales", tan virtuales que no acaban de cuajar. Mucho nos tememos que de este galimatías a nosotros nos toque bailar con la más fea.

Por lo que parece a estas alturas del curso, el mapa de cajas va a cambiar de una forma significativa a partir de las próximas elecciones del mes de Junio y también resulta evidente que son los aparatos estatales de los partidos políticos los que determinaran las líneas de actuación a seguir en cada caso.

A la vista de un futuro tan incierto para nuestra entidad y sus mil quinientos trabajadores, los órganos de dirección de la caja vienen manifestando su apuesta por una entidad independiente, autónoma y competitiva, hasta aquí muy bien como declaración de intenciones.

Pero realmente ¿qué pasos se están dando en esa línea?.Según nuestra opinión, no precisamente los más adecuados en lo que se refiere a relaciones laborales, o es que alguien piensa que se puede mantener la motivación y la competitividad en el entorno en que nos movemos, utilizando como mejor arma estratégica la dedicación a tiempo completo de sus empleados, quemándolos con cursos y reuniones continuas de dudosa eficacia, con una política retributiva de las más cicateras del sector, abusando de las contrataciones temporales, negando a los trabajadores el derecho a disfrutar de sus fondos de pensiones, etc.

En un escenario como este, no es de extrañar que algunos empiecen a preguntarse si vale la pena el esfuerzo por mantener el actual status a cualquier precio, o si por el contrario no deberíamos prepararnos para asumir el futuro desde otra perspectiva.

Los órganos de dirección deben entender, antes de que sea demasiado tarde, que no se puede mantener permanentemente una política de látigo y zanahoria, no se puede mantener infinitamente una plantilla tensionada en pro de objetivos inalcanzables, para terminar exhaustos a los pies del cazador. De ellos depende.

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