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La cara y la cruz METAFÓRICAMENTE hablando, el vocablo cruz puede tener múltiples acepciones, desde la simple marca que dervinota la ubicación de algo, pasando por una forma geométrica, o llegando a ser algo pesado y duro de llegar a soportar. En este último sentido, nos vamos a detener y vamos a transportarlo a nuestra entidad. Los logros que podamos haber alcanzado, aunque sólo sea en rentabilidad, es la consecuencia lógica al trabajo, el interés y la dedicación de casi 1.500 personas que, día a día, ponemos nuestra mejor cara ante nuestros clientes, que en muchos casos llegan a ser amigos. Y es esto, el hecho de la relación personal que en muchas ocasiones se entabla, lo que nos ha llevado a tener una implantación importante en muchas zonas de la Caja, incluso fuera de la Región de Murcia, sin tener el caparazón protector de las instituciones. La cruz, en el sentido bíblico, la arrastró, al menos para los creyentes, alguien que sufrió llevándola sabiendo que iba a ser su herramienta de muerte. Para ayudarle, aunque fuese levemente, se valió del Cirineo. En nuestra entidad y en estos últimos tiempos, nos está tocando, a la mayoría de empleados, ayudar a llevar, cual Cirineos, una cruz que se nos antoja, con demasiada frecuencia, tan pesada como aquella y, por suerte en pocos casos, está acabando con la salud de algunos. Esta cruz tiene ciertas peculiaridades que le distinguen de la cristiana; en la nuestra, los porteadores somos la inmensa mayoría de los trabajadores, incluidos contratados o compañeros accidentales y no menos sufridores de las E.T.T.'s. Pero en esta movida, no es el líder, o los líderes, quienes sudan sangre o llevan corona de espinas, no, señor; éstos van subidos cómodamente, sentados sobre cojines de plumas de ganso, mientras la mayoría nos arrastramos bajo el peso de unos objetivos leoninos y desproporcionados o de la escasez de medios humanos y, en ciertos aspectos, técnicos que nos alejan de las posibilidades que ofrecen otras Cajas de nuestro entorno. Nos retorcemos aguijoneados por unos salarios raquíticos, en comparación con el sector, y que todavía nos quieren mermar. ¡Ah! Y sin las mejoras sociales que tienen la CAM o Bancaja o CajaMadrid o cualquiera otra, que hay muchas para elegir. Pero, eso sí, somos los más rentables, y con esto podemos darnos por pagados, con esto y con ver a nuestros madamases en portadas de revistitas especializadas o sabiendo cómo disfrutamos con ellos de sus cruceros de placer pagados con el sudor de nuestro esfuerzo cubriendo objetivos de seguros, teléfonos móviles o lo que sea. Y por no dejar el asunto de las cruces, se está rumoreando que "alguien" está realizando una intensa campaña, a todos los niveles, encaminada a conseguir que a nuestro Director General le otorgue la Comunidad Murciana el máximo galardón que posee, la Cruz de Alfonso X el Sabio. Esto, al menos en principio, no nos parece mal, pero alguien debería explicarle a tan afanado personaje que el mérito que pretende promocionar no pertenece sólo al Director General de CajaMurcia, ya que la mayor parte de esa cruz la hemos construido nosotros, empleados modélicos, generando los suficientes beneficios para que la Caja disponga de 1.500 a 2.000 millones de pesetas que la O.B.S. reparte con estimable discrecionalidad. Si se quieren ver las cosas como son, este señor, sea quien sea, previa la información necesaria, debería pedir una Cruz de Alfonso X el Sabio para cada uno de los empleados que hemos llevado a la Caja donde está hoy. Como diría un castizo, con gracia y un poco de sorna, ante el hecho de que el trabajo de muchos lo acapare una sola persona, para uno se pide esa Cruz y 1.500 ponemos la cara ¿no? Claro que bien mirado tampoco estaría mal que se la impusieran al Dtor. Gral. y que a nosotros, en vez de la Cruz, nos den de una puñetera vez el Fondo de Pensiones Externo, nos consoliden las pagas y se olviden de darnos por el alma con la congelación de la antigüedad o cualquier otra lindeza que se le ocurra a nuestro querido Director. Concluyendo, creemos que nos merecemos mejor situación que la que tenemos, por trabajo y por rendimiento, aunque algunos parece que no lo quieren reconocer. |