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Colaboraciones "El
efecto Lampedusa" La tesis de futilidad alude al carácter manipulador y distractivo de las reformas ociosas, ficticias y cosméticas. Según reza el conocido efecto Lampedusa: es preciso que algo cambie para que todo permanezca igual. Y esto es lo que está ocurriendo en nuestra Entidad. Han cambiado casi todos los Jefes de Zona, han vuelto a modificar lo que previamente habían modificado no se ya cuántas veces, en definitiva parece que hemos perdido el rumbo y que nadie sabe muy bien a dónde vamos y para qué. Tengo la profunda convicción que desde hace algún tiempo hemos perdido la brújula en el terreno de las relaciones laborales. Ya no se guardan las formas, se utilizan las sutiles y menos sutiles amenazas para lograr objetivos que no se sabe muy bien a dónde nos conducen. La gente está cada día, psicológicamente hablando, más desquiciada. El trabajo está pasando de ser algo estimable, en el mejor de los casos, a convertirse en una pesadilla y una obsesión. Las jornadas son de siete horas en la teoría, pero en la práctica vienen a ser de diez o más y eso un día tras otro. Desde las instancias más altas de la Entidad parece que han llegado a la conclusión de que si un trabajador se rompe "se sustituye por otro". Somos, por tanto, gente para usar, exprimir y tirar. Prescindir de un trabajador renqueante o exhausto no supone mayor problema. Han cambiado los jefes de zona, directores, interventores, etc., pero ¿para qué?, si al final todo sigue igual, si no se aportan soluciones ni cambios en el equipo directivo y los responsables últimos siguen siendo los mismos. Nadie se hace responsable ni reconoce el mal ambiente que reina en la plantilla; por supuesto siempre hay excepciones. Hay tal miedo a discrepar del "pensamiento único", que nos hemos convertido en resignados hijos del Rey Sol. Tenemos que madurar, no podemos resignarnos ni tener miedo a la libertad de elegir entre nuestros silencios y nuestras palabras. Tenemos que reclamar lo que nos corresponde. Cuando hablamos con compañeros de otras Cajas y nos dicen que gana uno, dos o tres millones más que nosotros, es dinero que no llevamos a nuestra casa. Cuando nos dicen que las pensiones las tienen garantizadas en sus empresas, es futuro que no vamos a disfrutar nosotros. Cuando nos dicen que tienen tiempo para dedicar a sus familias, es algo que no vamos a poder recuperar. Y la pregunta, como siempre, la eterna pregunta es: ¿Por qué? ¿Quién se beneficia? ¿El criterio de una elite privilegiada pesa más que el de toda la organización? Las respuestas muchos las conocemos y eso nos indigna si cabe mucho más. Sebastián Vázquez
Moreno |